28 de febrero de
2026
identidad digital
Hace algún tiempo escribí que cambié mi nombre de usuario en varias cuentas de internet, lo sé, una nimiedad (como algunas cosas que publico). Aunque pensándolo bien, hoy ya no es tanto así. Estamos hablando de nuestra identidad digital.
Quiero repasar algunas cosas interesantes e ideas sobre esto
En los inicios de Facebook y de otras redes sociales millones de nombres de usuario fueron tomados por personas que quizá nunca volvieron a iniciar sesión o se les olvidó la clave y crearon una cuenta nueva.
¿Porque esto importa? Porque la mayoría de las plataformas (como Instagram, X, Gmail) no liberan nombres de usuarios de cuentas inactivas por razones de seguridad y para evitar la suplantación de identidad.
En este mar de cuentas inactivas, ya existe, por ejemplo, un Juan Berrios que nunca más usó su cuenta.
Sumado a eso, psicológicamente, queremos un nombre que cumpla tres funciones que se contradicen entre sí:
Y quien descubrió y pensó en esto tiene mucha razón, realmente es una paradoja. Cuanto más queremos cumplir con estas tres funciones, más difícil se vuelve encontrar algo que las cumpla todas.
No hay algo que me de mas rabia en internet que querer registrar un dominio y que ya esté tomado. No por una marca, no por una persona, sino por una empresa registrador de dominios que te cobra 20x el valor original para vendértelo (exagerando, quizá).
Bueno, así como con los dominos, existe un “mercado” de nombres de usuario “premium” (nombres cortos, palabras comunes o nombres de pila). Hay personas y bots que registran nombres codiciados apenas abre una plataforma para luego intentar venderlos, aunque esto suele ir en contra de los términos de servicio.
Dicho esto, podrías preguntarte ¿Por qué no elegir simplemente un nombre que esté disponible?
Siempre está esa opción, pero por defecto o intuición, no la queremos.
El abecedario es súper amplio, pero la verdad es que todos terminamos usando las mismas combinaciones. Esto se debe a que no todas las palabras suenan o se ven bien, sobre todo las inventadas.
Sumado a esto, hay miles de millones de personas conectadas pensando en lo mismo, así que, por pura estadística, las posibilidades de que el nombre esté libre muchas veces son casi nulas.
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