6 de enero de
2026
Opinión, Cosmovisión
Voy a ser sincero: estoy en shock con todo lo que ha salido a la luz sobre las depravaciones en las esferas de poder. Son de esas cosas que uno sabe que existen, pero que preferirías ignorar porque son aterradoramente enfermas. Ver hasta dónde puede llegar la maldad, conocer el daño a pequeños inocentes y volver comprobar que los ritos satánicos son comunes entre gente con mucho poder revelándonos que sirven a Satanás con sus agendas y perversiones.
Bueno, con todo esto, ayer me fui a la cama con un nudo en el estómago y me puse a pensar en un par de cosas.
Realmente existen huestes espirituales de maldad moviendo hilos, especialmente en las esferas de poder y el entretenimiento. Pero hay un consuelo: a esa oscuridad se le está acabando el tiempo y su final ya está escrito.
Me vinieron a la mente las palabras de Jesús, que pocas veces fue tan gráfico y tajante como en Mateo 18:6. Él dijo que para alguien que hace tropezar (o abusa) de uno de estos pequeños (refiriéndose a los niños), “mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogara en lo profundo del mar.”. Es una advertencia fuerte, pero necesaria: la ira de Dios contra la injusticia no es algo que deba tomarse a la ligera.
La justicia de Dios no tarda, sino que llega en el momento adecuado y de alguna forma esta gente es expuesta para demostrar que no hay dinero ni poder en este mundo que te pueda salvar de la verdad.
Esto es, para mí (y espero que para ti también) una advertencia; ningún acto que vaya en contra de lo que Dios establece va a quedar impune y si no es pronto, quedará expuesto el día que vuelva a juzgar al mundo.
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